El lenguaje del espacio
jueves, septiembre 24, 2009 at 7:59PM Este es un ensayo sobre un libro de Georges Perec llamado "Especies de espacios". Perec pertenece a Oulipo.
¿Qué es Oulipo? La wikipedia puede ayudarlos: [link]
¿Quién es Perec? Ditto: [link]
Oulipo y sus ensayos de estilo me parece muy interesante, y es por ello que creo que el tema de este ensayo es entretenido, incluso para los que no han leído el libro en que se basa. Gracias de antemano a los que se den el tiempo de leer.
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Es complejo entender las capacidades de la mente humana, y entre las múltiples razones de esa complejidad una de las que me parecen más interesantes tiene que ver con el medio de análisis. Como se puede ver en estas mismas líneas, el medio utilizado es algo que parece inherente al hombre, y que tiene que ver con su facultad comunicativa. Como ya podrá comprenderse, me refiero al lenguaje mismo.
El lenguaje parece ser algo natural y necesario, una facultad al inicio. De hecho, el antiguo testamento (base importantísima para la religión judía y posteriormente la católica) considera que el mundo partió con Dios nombrando cada cosa:
"Dijo Dios <<Haya luz>> y hubo luz. Dios vio que la luz era buena y la separó de las tinieblas. Dios llamó a la luz “Día” y a las tinieblas “Noche”. Y atardeció y amaneció el día primero". (Génesis 1, versículo 3-5)
Este nombramiento no tiene un propósito meramente formal: el nombre de cada cosa la hace existir. Así, si Dios habla diciendo que haya luz, esta será creada.
Lamentablemente la creación principal de Dios (a su imagen y semejanza), el ser humano, no comenzó con la facultad de comunicarse, pues estos nacieron sin voz, sin palabra. La comunicación se hacía a gritos, a señas. La creación del lenguaje (por parte de los humanos) generó un cambio de paradigma, y consolidó las bases que permiten que la sociedad sobreviva y se maneje como hoy en día.
El lenguaje humano se ha hecho, desde entonces, algo vital. Todo pasa por ese filtro, e incluso nuestros pensamientos se manifiestan en palabras, y estas palabras, aunque amplíen nuestro campo de posibilidades, no pueden manifestar al mundo en su totalidad. Así, la comunicación también incluye un límite insondable: no podemos comunicar todo lo que queremos, de la forma que queremos.
El pensamiento, como antes se ha dicho, está formado principalmente por palabras. Esas palabras tienen diferentes manifestaciones, y entre ellas una de las más importantes tiene que ver con la escritura. A través de las mismas palabras, del lenguaje, podemos crear una obra distinta, con parámetros estéticos. La capacidad humana se amplía con el lenguaje a cambio de hacerse terriblemente imprecisa, pues el lenguaje depende de una generalización, de una ampliación de una mirada que hace borrosos los detalles. Esto no significa, empero, que no se puedan crear cosas completamente inasibles a través de la simple experiencia a través de las mismas palabras: Oulipo es un vivo ejemplo de ello.
Quizás es común pensar que la mejor forma de la creación literaria tiene que ver con las libertades: encontrar algo nuevo, inventar algo que todavía no existe. Lamentablemente esta premisa es difícil de aplicar hoy en día, puesto que parece que todo se ha inventado. La propuesta de Oulipo es, en este caso, justo lo contrario: usar lo que ya existe, de una forma completamente distinta, no tan solo abrirse, sino que imponerse a ellos mismos restricciones.
En “Especies de Espacios” de Georges Perec, esta restricción tiene que ver, en mi opinión, con el enfoque. En general, la vista se posiciona en la historia, en cosas que nos suceden, en cosas que pensamos, pero ignoramos algo de vital importancia: cada una de esas cosas tiene un ambiente, un espacio, que muchas veces dejamos de lado. Estos espacios, personalísimos, son descritos de la mejor forma posible: siendo completamente arbitrario. Esta arbitrariedad también implica un cambio de enfoque: ya no es lo de afuera, sino más bien los espacios que nos rodean, esos que frecuentemente ignoramos porque creemos conocerlos demasiado bien. Según Perec:
"Cuelgo un cuadro en la pared. Enseguida me olvido de que allí hay una pared. Ya no sé que hay detrás de esa pared, ya no sé que hay una pared, ya no se que esa pared es una pared, ya no sé qué es eso de una pared. Ya no sé que en mi apartamento hay paredes y que, si no hubiera paredes, no habría apartamento." (Perec, 68)
Lo común, lo que vemos todos los días, se esconde de nuestros ojos por su peculiar familiaridad. Las cosas desaparecen, creemos que no existen, o sabemos demasiado bien que existen. No es que dejemos de ver la pared, es simplemente que nuestra visión acostumbrada ignora los detalles, elige dejarlos de lado.
La arbitrariedad manifestada por Perec incluye también otro matiz: el lenguaje es lo que lo envuelve. Ya nuestro recuerdo es difuso y tiende a ignorar elementos que luego pueden ser importantes, y a ello se le agrega que el lenguaje tiende a la generalización, a hacer categorías. Si meditamos estas cuestiones, nos daremos cuenta de que la incertidumbre llega a parecer absoluta. Al final, la verdadera valoración tiene que ver con uno mismo, con nuestras propias e incesantes consideraciones. La obra de Perec me recordó que los espacios existen, y que son vitales para nuestras existencias. La prosa, en apariencia simple, nos hace ver los espacios con otra mirada.
En conclusión, el lenguaje nos ayuda de forma inestimable, pero también nos perjudica con su inexactitud. Esa misma inexactitud hace que nuestras descripciones de las cosas solo puedan llegar a ser arbitrarias, sin captar la realidad de forma perfecta o absoluta. Esa arbitrariedad, sin embargo, es también una ayuda a la creación literaria: es posible jugar con el lenguaje a través de reglas impuestas, de restricciones, actividad realizada extensivamente por Oulipo. En el caso especifico de Perec, la peculiaridad de su enfoque en los espacios utilizando a su forma el lenguaje nos hace ver elementos que podemos dejar de lado.



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