viernes
03jul2009
Y las hojas...
viernes, julio 3, 2009 at 8:07PM
Escena: El interior de una casa bien ordenada y que denota un gran nivel económico. Es de día, y las ventanas muestran un sol de verano. En el centro de la casa se encuentra un salón bien amueblado, con cuadros muy peculiares en las paredes. Cada uno de ellos muestra un estilo distinto al otro, como si se mezclaran todas las épocas del arte en una pared. Los sillones del salón están tapizados, aunque cada uno de ellos tiene un color diferente, pero extremadamente chillón. La casa no tiene cortinas. Sujeto A está apoyado en la ventana del salón, envuelto en una cortina. No parece estar vestido con nada más. La cortina muestra la imagen de Mickey Mouse, pero el dibujo es de baja calidad, como si fuera falso. Sujeto B, vestido formal, está sentado y mira serio hacia el paisaje.
Sujeto A (con tono triste): Es increíble como las personas no se dan cuenta de lo que verdaderamente importa en esta vida. Me alegra que tú me comprendas…
Sujeto B: El sol brilla, como siempre, y no me importa nada, nada en absoluto. La belleza que me rodea es absoluta.
Sujeto A: Si, porque solo tú puedes saberlo, solo tú. Me conoces, y te conozco. Recorres cada fibra de mi ser efímero, oculto.
Sujeto B: La luz ciega mis ojos, como siempre, y no veo nada. La belleza que me rodea es vana e inocua.
Sujeto A: Mi felicidad es vana, pero mientras dure, debo ser capaz de disfrutarla. Nada me llama más que saltar, pararme, sentarme o morir.
Sujeto B: Mi tristeza es vana, pero mientras dure, debo ser capaz de lamentarme. Nada me llama más que vivir, jugar con el júbilo de todas las cosas, recatarme o vivir.
Sujeto A: Pero el viento todavía mueve las hojas de los árboles.
Sujeto B: Enero todavía no ha dejado nada a su paso.
Sujeto A: ¿Qué es en lo que en realidad quieres? (mira a Sujeto B) ¿Acaso buscas saber quién eres, quién soy?
Sujeto B: No me importa. La verdad no importa. Vivimos rodeados de mentiras.
Sujeto A: Pero las cortinas… tapan el sol y vuelven a nuestro mundo privado. Hacen que el sol no nos vuelva sombras, nos hacen invisibles.
Sujeto B: La casa es bonita, bien amueblada.
Sujeto A: Y cuando el viento y el sol se vayan no podremos vivir ni por un segundo. Necesitamos de su luz cruel para nuestra existencia, revelada y publica, esa que todos ven.
Sujeto B: Tiene arte por todos lados. Nunca hemos tenido problemas con ninguno de los objetos.
Sujeto A: Y aquí estamos, acompañándonos.
Sujeto B: Y la servidumbre cobra poco y trabaja mucho. Fue bueno revisar bien entre nuestras opciones.
Sujeto A: Pero en realidad todos nos dejan en paz.
Sujeto B: Vivimos en buena tierra, tiene un valor futuro que se mantendrá por un buen tiempo. Cuando llegue la vejez, podremos vivir de nuestras rentas.
Sujeto A: Y nadie viene a visitarnos. Tal vez estamos demasiado lejos.
Sujeto B: Si, somos prósperos. Vivimos bien.
Sujeto A: A veces extraño las cortinas.
Sujeto B: Y el calor del verano no es excesivo.
Sujeto A: Y afuera, el pasto se ve tan verde. Es como si me hiciera un llamado.
Sujeto B: El vendedor dijo que podríamos ampliarla cuando lo necesitásemos. El terreno es amplio y no demasiado escarpado.
Sujeto A: Y las flores se mueven sin mi compañía, como bailando una canción prohibida.
Sujeto B: El arte me rodea como a un loco, como a un ente sin pensamientos, sin razón.
Sujeto A: Y las montañas, y la nieve, y la ciudad, y las personas que caminan solas o acompañadas o acompañadas de ellas mismas. La soledad y la compañía. Lo existente y lo inexistente. Todo se mueve, se mueve y mis ojos no alcanzan a ver a donde van.
Sujeto B: Pero este arte no es arte, es desorden, es desolación, es la muerte.
Sujeto A: Y la muerte nos llevará a todos al final, sin que podamos resistirnos.
Sujeto B (subiendo la voz): ¡Marta! ¡Trae la cena!
Sujeto A: Y las estaciones pasarán, y yo nunca podré atender a su llamado.
El sujeto B se arregla la corbata y se pone de pie, después de pasar sus manos por sobre su traje, como tratando de limpiar el polvo. Luego, de manera imprevista, abre la puerta y sale. Sujeto A mira siguiendo su silueta por la ventana.
-FIN-
Sujeto A (con tono triste): Es increíble como las personas no se dan cuenta de lo que verdaderamente importa en esta vida. Me alegra que tú me comprendas…
Sujeto B: El sol brilla, como siempre, y no me importa nada, nada en absoluto. La belleza que me rodea es absoluta.
Sujeto A: Si, porque solo tú puedes saberlo, solo tú. Me conoces, y te conozco. Recorres cada fibra de mi ser efímero, oculto.
Sujeto B: La luz ciega mis ojos, como siempre, y no veo nada. La belleza que me rodea es vana e inocua.
Sujeto A: Mi felicidad es vana, pero mientras dure, debo ser capaz de disfrutarla. Nada me llama más que saltar, pararme, sentarme o morir.
Sujeto B: Mi tristeza es vana, pero mientras dure, debo ser capaz de lamentarme. Nada me llama más que vivir, jugar con el júbilo de todas las cosas, recatarme o vivir.
Sujeto A: Pero el viento todavía mueve las hojas de los árboles.
Sujeto B: Enero todavía no ha dejado nada a su paso.
Sujeto A: ¿Qué es en lo que en realidad quieres? (mira a Sujeto B) ¿Acaso buscas saber quién eres, quién soy?
Sujeto B: No me importa. La verdad no importa. Vivimos rodeados de mentiras.
Sujeto A: Pero las cortinas… tapan el sol y vuelven a nuestro mundo privado. Hacen que el sol no nos vuelva sombras, nos hacen invisibles.
Sujeto B: La casa es bonita, bien amueblada.
Sujeto A: Y cuando el viento y el sol se vayan no podremos vivir ni por un segundo. Necesitamos de su luz cruel para nuestra existencia, revelada y publica, esa que todos ven.
Sujeto B: Tiene arte por todos lados. Nunca hemos tenido problemas con ninguno de los objetos.
Sujeto A: Y aquí estamos, acompañándonos.
Sujeto B: Y la servidumbre cobra poco y trabaja mucho. Fue bueno revisar bien entre nuestras opciones.
Sujeto A: Pero en realidad todos nos dejan en paz.
Sujeto B: Vivimos en buena tierra, tiene un valor futuro que se mantendrá por un buen tiempo. Cuando llegue la vejez, podremos vivir de nuestras rentas.
Sujeto A: Y nadie viene a visitarnos. Tal vez estamos demasiado lejos.
Sujeto B: Si, somos prósperos. Vivimos bien.
Sujeto A: A veces extraño las cortinas.
Sujeto B: Y el calor del verano no es excesivo.
Sujeto A: Y afuera, el pasto se ve tan verde. Es como si me hiciera un llamado.
Sujeto B: El vendedor dijo que podríamos ampliarla cuando lo necesitásemos. El terreno es amplio y no demasiado escarpado.
Sujeto A: Y las flores se mueven sin mi compañía, como bailando una canción prohibida.
Sujeto B: El arte me rodea como a un loco, como a un ente sin pensamientos, sin razón.
Sujeto A: Y las montañas, y la nieve, y la ciudad, y las personas que caminan solas o acompañadas o acompañadas de ellas mismas. La soledad y la compañía. Lo existente y lo inexistente. Todo se mueve, se mueve y mis ojos no alcanzan a ver a donde van.
Sujeto B: Pero este arte no es arte, es desorden, es desolación, es la muerte.
Sujeto A: Y la muerte nos llevará a todos al final, sin que podamos resistirnos.
Sujeto B (subiendo la voz): ¡Marta! ¡Trae la cena!
Sujeto A: Y las estaciones pasarán, y yo nunca podré atender a su llamado.
El sujeto B se arregla la corbata y se pone de pie, después de pasar sus manos por sobre su traje, como tratando de limpiar el polvo. Luego, de manera imprevista, abre la puerta y sale. Sujeto A mira siguiendo su silueta por la ventana.
-FIN-
clasificado
Obras,
Teatro del absurdo en
Historias
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Teatro del absurdo en
Historias 

